WEN TZU - 39 LAO TSE DIJO




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Lao Tse dijo:

Los emperadores y los señores consideran todo el imperio o toda la nación como su propia casa, y todas las cosas como sus pertenencias. Si toman de corazón la grandeza de la tierra y dominan la multitud de cosas y personas dentro de él, se encuentran entonces llenos de energía y liberados de sus ambiciones. Los más grandes lanzan invasiones armadas sobre los más pequeños, los más pequeños miran altaneramente a sus subditos.

Servirse de la mente teniendo como meta el orgu­llo y el engrandecimiento es similar a un viento racheado o una violenta tormenta; no puede durar mucho tiempo. Por ello, los sabios controlan esto por medio del Camino, manteniéndose en la unidad sin estratage­ma alguna y, de este modo, sin disminuir la energía armoniosa.

Ven lo pequeño y permanecen flexibles; son reser­vados y no posesivos. Emulan los ríos y los mares; por­que los ríos y los mares no actúan con un propósito, llegan a ser conocidos por sus méritos mediante un proceso natural de desarrollo.

Como no coaccionan, pueden cumplir la tarea de dirigir. Siendo como una mujer para el mundo, pue­den evitar la muerte espiritual. Porque se cuidan a sí mismos, pueden realizar la nobleza.

Todas las cosas contribuyen a la efectividad y reputación del poder material; la responsabilidad de la autoridad es lo más serio, por ello no permite el auto-menosprecio. El automenosprecio conduce al fracaso en el logro y en la reputación.

En el Camino, lo grande se hace gracias a lo pequeño, lo mucho está basado en lo poco. Por ello, los sabios presiden el mundo por medio del Camino: siendo flexibles y complacientes, imprecisos y sutiles, ven lo pequeño; siendo frugales y austeros, ven lo escaso. Porque ven lo pequeño, pueden realizar lo grande; porque ven lo escaso, pueden realizar lo bello.

El camino del cielo es rebajar lo elevado y ensalzar lo rebajado, reducir lo excesivo y aumentar lo insufi­ciente. Los ríos y los mares están situados en donde hay falta de tierra, y así el mundo recurre a ellos y los honra.

Los sabios son humildes y modestos, puros y tran­quilos, deferentes en su hablar; esto es ver lo humilde. Tienen mentes abiertas y no posesivas; esto es ver lo que falta. Porque ven lo humilde, pueden alcanzar las alturas; porque ven lo que falta, pueden alcanzar la bondad y la sabiduría.

Los orgullosos no tienen éxito, los extravagantes no duran; los poderosos mueren, quienes llenan sus días perecen. Un viento racheado o una tormenta vio­lenta no dura todo el día, una quebrada no puede ser llenada en un instante. Los vientos racheados y las tor­mentas violentas actúan enérgicamente, por tanto, no pueden durar mucho antes de extinguirse. Las quebra­das están en posición de poder, por tanto, sólo pueden ser drenadas.

Por ello, los sabios se mantienen en lo femenino y se apartan de la extravagancia y de la arrogancia; no se atreven a actuar violentamente. Porque se mantienen en lo femenino, pueden establecer lo masculino; por­que no se atreven a ser extravagantes y arrogantes, pueden resistir mucho tiempo.






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