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LA ILUMINACIÓN CON EL AROMA DEL ZEN

 


BODHIDHARMA Y LA ILUMINACIÓN

No crear falsas ilusiones es la iluminación.

 

Bodhidharma, monje budista, se habría trasladado de India a China alrededor del año 520 d.C. La tradición le considera el introductor del Zen en China. Con él se fue produciendo la fusión entre el dhyana (meditación) búdico y el taoísmo chino, surgiendo así lo que se ha llamado el Aroma del Zen, la posibilidad de alcanzar la iluminación en la más estricta vida cotidiana. Se desconoce con certeza el fin de Bodhidharma, unos dicen que fue envenenado por monjes competidores; otros que fue ejecutado; otros que marchó a pie otra vez a la India.

 

La selección que ofrecemos proviene de: Bodhidharma...

 

VER LA NO MENTE

 

Tratar de encontrar un buda o la iluminación es como tratar de coger el aire.

 

El aire tiene nombre pero no forma que pueda cogerse y ponerse en el suelo, y ciertamente no se puede aprehender. Mientras busques en otra parte, nunca podrás ver que tu propia mente es el buda. Todo lo que tienes que hacer es ver tu propia naturaleza. Vida y muerte son importantes, no las sufras en vano.

 

Tu propia naturaleza es el buda. Y el buda es la persona que es libre: libre de planes, libre de preocupaciones. Si no ves tu propia naturaleza y no haces más que dar vueltas todo el día buscando en otra parte, entonces nunca encontrarás un buda. La verdad es que no hay nada que encontrar. Nuestra naturaleza mortal es nuestra naturaleza búdica. No hay buda más allá de esta naturaleza. El buda es nuestra propia naturaleza. No hay buda separado de esta naturaleza, y no hay naturaleza separada del buda.

 

Un buda es una persona despreocupada. No va por ahí persiguiendo fama y fortuna.

 

La capacidad de la mente es ilimitada y sus manifestaciones son inagotables. Ver formas con los ojos, oír sonidos con los oídos, oler olores con la nariz, probar gustos con la lengua, todos los movimientos o estados son siempre tu mente. En cada momento, allí donde no llega el lenguaje, ésa es tu mente.

 

Buda es una palabra sánscrita para lo que llamas Despierto, milagrosamente despierto. Responder, percibir, arquear las cejas, parpadear, mover las manos y los pies, todo ello es tu naturaleza milagrosamente despierta. Y esta naturaleza es la mente. Y la mente es el buda. Y el buda es el Camino. Y el camino es zen. Pero la palabra Zen es un rompecabezas tanto para los necios como para los sabios. Ver tu naturaleza es zen. A menos que veas tu naturaleza original, no es zen.

 

El verdadero Camino es sublime. No puede expresarse mediante el lenguaje. Alguien que ve su propia naturaleza encuentra el Camino. El Camino no tiene forma ni sonido. Es sutil y difícil de percibir. Es como cuando se bebe agua: sabes lo fría o caliente que está pero no puedes explicárselo a los demás. El Camino se pierde al aferrarse equivocadamente a las apariencias de las cosas. La erudición es inútil y enturbia la conciencia. Las doctrinas solo sirven para señalar la mente. Una vez se ha visto la mente, ¿para qué las doctrinas?

 

No hay ventaja alguna en el autoengaño. Una vez que los mortales ven su propia naturaleza, cesan todos los apegos. La conciencia deja de esconderse. Pero solo puedes encontrarla ahora. Solo ahora. Si realmente quieres encontrar el Camino, no te aferres a nada. Una vez que dejas de aferrarte y dejas que las cosas sean, serás libre, incluso del nacimiento y la muerte. Lo transformarás todo, y estarás en paz, estés donde estés. La esencia del Camino es el desapego. Y el objetivo de los que practican es liberarse de las apariencias. Se dice en los sutras: el desapego es iluminación porque niega las apariencias. La budeidad significa conciencia.

 

Saber que la mente es vacío es ver al buda. Ver la no mente es ver al buda. Renunciar a uno mismo sin pesar es la caridad más grande.

 

La mente y el mundo son opuestos, y la visión aparece donde se encuentran. La verdadera visión es cuando tanto el mundo como la mente son transparentes. Y esta comprensión es verdadera comprensión. Ver nada es percibir el Camino y comprender nada es conocer el Dharma, porque ver no es ver ni no ver y porque comprender no es comprender ni no comprender. Ver sin ver es verdadera visión. Comprender sin comprender es verdadera comprensión. La verdadera visión no es solo ver viendo, también es ver sin ver. Y la verdadera comprensión no es solo comprender comprendiendo, también es comprender no comprendiendo. Si lo comprendes todo entonces es que no comprendes. Sólo cuando comprendes nada es verdadera comprensión. Comprender es ni comprender ni no comprender.

 

Cuando comprendes la realidad depende de ti. Cuando no comprendes eres tú quien depende de la realidad. Cuando la realidad depende de ti, lo que no es real se convierte en real. Cuando eres tú quien depende de la realidad, lo que es real se convierte en falso. Cuando dependes de la realidad todo es falso. Cuando la realidad depende de ti, todo es verdad.

 

Cuando la mente aparece, desaparece la realidad. Cuando la mente desaparece, aparece la realidad. Quien sepa que nada depende de nada habrá encontrado el Camino. Y quien sepa que la mente depende de nada siempre está en el lugar de la iluminación.

 

ILUMINACIÓN O DESPERTAR

 

La iluminación o el nirvana no están más allá de la mente individual.

 

No podemos definir nuestro estado mental original usando palabras ni letras, pero sí podemos señalarlo directamente en cada uno de nosotros para que todos podamos reconocerlo, establecernos en él y alcanzar así la iluminación suprema por nosotros mismos. El buda nos dio sus enseñanzas para ayudarnos a eliminar cualquier vestigio de pensamiento conceptual. Una vez eliminado, sus enseñanzas ya no sirven para nada.

 

La mente única, que es nuestra verdadera naturaleza real, es la inefable e indestructible matriz que en respuesta a las circunstancias se transforma en los fenómenos. A veces la confundimos con el intelecto y la inteligencia, que es la capacidad de manejar conceptos con el pensamiento, aunque sigue allí cuando serena no responde a las circunstancias y la inteligencia no actúa. Ocupada en la creación de objetos en respuesta a la causalidad, es imperceptible e innombrable. Si puedes reconocer intuitivamente tu estado mental original y descansar tranquila y confiadamente en su espontaneidad, estarás siguiendo los consejos que nos dieron todos los budas y tu atención fluirá naturalmente de aquí para allá sin detenerse nunca en nada.

 

Todo lo que constituye el mundo proviene de la mente. Aparte de esta mente, no podrás encontrar nada. Es imposible alcanzar el despertar o la iluminación fuera de la mente con la que buscas, porque ese lugar no existe ya que todo lo que hay es mente. Tu mente es tu propia naturaleza, la ausencia de causa y efecto, nirvana. Buscar la iluminación fuera de la mente es como tratar de atrapar el aire. El aire tiene nombre pero no forma. No es algo que pueda cogerse y ponerse de pie en el suelo. Nunca alcanzarás la iluminación más allá de tu propia mente, porque esa mente es todo lo que existe.

 

La capacidad de la mente es ilimitada y sus manifestaciones son inagotables. Todas las formas, sonidos, olores, sabores, movimientos o estados de ser son solo tu mente. En cada instante, allá donde no llega el lenguaje, está tu mente. Nuestra propia naturaleza es la mente y la mente es nuestra propia naturaleza. Esta naturaleza, esta mente, es la misma en todos los seres despiertos que nunca transmitieron más que esta mente única. No hay despertar más allá de esta mente. Pero si vives pendiente del pensamiento ilusorio, no podrás saber quién eres, no te podrás dar cuenta de que tu propia mente es tu naturaleza original y no dejarás de buscar aquí y allá haciéndote inútiles preguntas constantemente. Responder, percibir, alzar las cejas, parpadear, mover las manos y los pies, todo ello constituye tu naturaleza milagrosamente despierta. Y esta naturaleza es la mente. Y darse cuenta de ello es ver dentro de tu propia naturaleza original. Mientras sigas apegado a las apariencias y a las formas, no te darás cuenta de que tu mente es el vacío.

 

La verdad esencial está más allá de las palabras. Las doctrinas son palabras, pero el despertar no tiene nada que ver con las palabras. Las palabras son ilusiones. No son diferentes de los objetos que aparecen en tus sueños. No esperes de ellas placer alguno porque solo conducen al renacimiento. Recuérdalo cuando se acerque tu muerte; un momento de duda y te hallarás bajo el embrujo de los demonios. Tu cuerpo real es puro e impenetrable, pero el pensamiento ilusorio evita que te des cuenta y te hace padecer todo tipo de karma en vano. Allí donde ahora hay placer, encontrarás esclavitud. Pero una vez que despiertes a tu cuerpo y mente originales, dejarás de vivir encadenado por el apego.

 

Si ves dentro de tu propia naturaleza original, no necesitarás leer textos sagrados ni invocar divinidades. El saber y el conocimiento no solo son inútiles, sino que enturbian tu conciencia. Las doctrinas solo sirven para señalar la mente. Una vez que te has dado cuenta de que tu mente es tu verdadera naturaleza original, las doctrinas no tienen utilidad alguna. Entonces, cosas como el sexo se revelan como algo básicamente efímero que acaban con el breve placer que proporcionan. Aunque algunos hábitos permanezcan, ya no podrán perjudicarte porque tu naturaleza es esencialmente pura y opera como tal a pesar de morar en un cuerpo material constituido por los cuatro elementos. No puede ser corrompida.

 

Tu cuerpo real carece de sensaciones, no está hambriento, ni sediento, no tiene frío o calor, ni enfermedad, ni amor o apego, ni placer o dolor, ni está bien o mal, ni tiene mucho o poco, ni está débil ni fuerte. En realidad no hay nada. Estas sensaciones aparecen por causa de tu apego a este cuerpo material, pero una vez que abandones dicho apego y dejes que las cosas sean espontáneamente como son, serás libre incluso del nacimiento y la muerte. Lo transformarás todo a voluntad y estarás en paz estés donde estés. Serás un despierto aunque trabajes como carnicero, porque tu karma no te condicionará ni atará nunca más. Esta mente única no está fuera del cuerpo material formado por los cuatro elementos. Sin esta mente no podríamos movernos. El cuerpo no tiene conciencia. Al igual que una planta o una piedra, el cuerpo no tiene naturaleza. Es la mente la que se mueve.

 

El lenguaje y el comportamiento, la percepción y la concepción son todas funciones asombrosas de la mente. Todo movimiento es movimiento de la mente porque el movimiento es su función. No hay mente separada del movimiento, ni movimiento separado de la mente. El movimiento básicamente carece de mente y la mente es básicamente inmóvil, pero el movimiento no existe sin la mente y la mente no existe sin el movimiento. No hay mente que exista separada del movimiento, ni movimiento separado de la mente. El movimiento es la función de la mente y su función es su movimiento. Aún así, la mente ni se mueve ni funciona, porque la esencia de su funcionamiento es la vacuidad y la vacuidad es esencialmente inmóvil. El movimiento es lo mismo que la mente y la mente es esencialmente inmóvil. Básicamente, el ver, el oír y el oler son completamente vacíos. Tu odio, alegría o dolor son los de una marioneta. Puedes buscar, pero nunca hallarás nada.

 

De acuerdo con los textos sagrados, los actos perversos dan como resultado las dificultades y los actos bondadosos las bendiciones. Y se dice también que la gente colérica va al infierno mientras que los bienaventurados van al cielo. Pero una vez que descubres que tanto la naturaleza del odio como la de la alegría están vacías y los dejas ir, te liberas del karma para siempre. Si no te haces consciente de tu propia naturaleza, acudir a los textos tradicionales no te servirá de nada.

 

Renunciar a uno mismo abandonando la inteligencia, esto es el pensamiento conceptual, es el don más grande. Trascender movimiento y quietud es la mejor de las meditaciones. Los seres comunes no dejan de moverse, mientras que los iluminados permanecen inmóviles. Pero la más elevada de las meditaciones trasciende tanto a los mortales como a los iluminados. Aquellos que alcanzan dicha comprensión se liberan sin esfuerzo a sí mismos de todas las apariencias y se curan de cualquier enfermedad sin necesidad de aplicar tratamiento alguno.

 

Usar la inteligencia para buscar la realidad es ignorancia. No usar la inteligencia para buscar la realidad es conocimiento. Liberarse uno mismo de las palabras es liberación. Permanecer sin sensaciones es permanecer en uno mismo. Trascender vida y muerte es abandonar el hogar. No crear ignorancia es iluminación. No aferrarse a la ignorancia es sabiduría. La no aflicción es el nirvana. Y la no apariencia de la mente es la otra orilla.

 

Cuando ignoras tu verdadera naturaleza original, esta orilla existe. Pero cuando despiertas, deja de existir. Los mortales permanecen en esta orilla, pero aquellos que descubren su naturaleza original no están ni en ésta, ni en aquella. Son capaces de vivir en ambas orillas. Aquellos que ven la otra orilla como diferenciada de ésta no comprenden su verdadera naturaleza. Cuando ignoramos nuestra verdadera naturaleza original, hay un mundo del que escapar. Cuando somos conscientes de ella, no hay nada de lo que queramos escapar.

 

El movimiento no es diferente de la quietud. El sufrimiento no es diferente del nirvana, porque la naturaleza de ambos es el vacío. Nirvana significa sin nacimiento ni muerte. Cuando la mente deja de moverse, entra en el nirvana. Nirvana es una mente vacía. El lugar de la iluminación carece de ambición, de ira y de ignorancia. La ambición es el reino del deseo, la ira el reino de la forma y la ignorancia el reino de lo que no tiene forma. Cuando se inicia un pensamiento, entramos en estos tres reinos. El principio y el fin de los tres reinos, la existencia y la no existencia de todo, dependen solo de la mente. La mente y el mundo son opuestos y solo pueden verse donde se encuentran. Cuando la mente no se agita interiormente, el mundo no aparece en el exterior. La verdadera visión se alcanza cuando tanto el mundo como la mente son transparentes; esta comprensión es la verdadera comprensión.

 

Cuando comprendes, la realidad depende de ti. Cuando no comprendes, eres tú quien depende de la realidad. Cuando la realidad depende de ti, lo que no es real se convierte en real. Cuando eres tú quien depende de la realidad, lo que es real se transforma en falso. Cuando la realidad depende de ti, todo es verdad. Por eso el sabio no usa su mente para buscar la realidad, ni la realidad para buscar su mente. Ni su mente para buscar la mente, ni la realidad para buscar la realidad. Su mente no hace que aparezca la realidad y la realidad no hace que aparezca su mente. Y como tanto su mente como la realidad son inmóviles, mora siempre en paz.

 

Si deseas encontrar tu verdadera naturaleza original, no debes buscar más allá de ti mismo, porque fuera de ti mismo no hay nada. Si la mente busca la mente, nunca encontrará nada. Y aunque creas haber encontrado algo, en realidad no habrás encontrado nada. Creer que se puede usar la inteligencia para encontrar tu naturaleza original, es vivir en la ignorancia. Cuando eres consciente de tu propia naturaleza, sabes que eso que buscabas con el intelecto no existe. Y es así porque la conciencia es tu naturaleza.

 

Aquellos que perciben la verdadera naturaleza vacía de los fenómenos y no se apegan a ellos alcanzan la liberación, mientras que quienes solo ven su apariencia externa quedan a su merced. La liberación consiste en no padecer sufrimiento; no hay otra liberación. Cuando se aprende a mirar la forma tal como es, no se origina el pensamiento y éste no da pié a la aparición de la forma. Entonces forma y mente son puras.

 

Si no dejas que tu mente se transforme en pensamiento, todos tus estados mentales serán vacío y cada pensamiento permanecerá inmóvil; irás de gozo en gozo. Pero si utilizas tu mente para originar pensamientos conceptuales, todos tus estados mentales serán inestables y tus pensamientos no dejarán de moverse; irás de un infierno a otro sin fin. Sólo cuando aparecen los pensamientos hay buen y mal karma, cielo e infierno.

 

La iluminación proviene de la mente. La mente es el origen de la iluminación. Pero aunque la iluminación provenga de la mente, la mente no proviene de la iluminación; al igual que un pez proviene del agua, aunque el agua no provenga del pez. Quien quiera lograr la iluminación, verá la mente antes. Una vez que has visto el pez te olvidas del agua y una vez que hayas alcanzado la iluminación, te olvidarás de la mente. Si no te olvidas de la mente, ésta te confundirá, al igual que te confundirá el agua si no te olvidas de ella.

 

Puedes crear todo el karma que quieras, pero no puedes crear una persona. Cuando creas karma, renaces junto con tu karma. Cuando no creas karma, desapareces junto con él. Por eso, siendo el karma dependiente del individuo y el individuo dependiente del karma, si un individuo no crea karma, el karma nada puede con él.

 

La mente es la raíz de la que crecen todas las cosas. Si puedes llegar a comprender la mente, todo lo demás queda incluido. Es como la raíz de un árbol. Todos los frutos, flores, ramas y hojas del árbol dependen de su raíz. Si alimentas su raíz, el árbol se multiplica; si cortas la raíz, el árbol muere. Aquellos que comprenden la mente alcanzan la iluminación; aquellos que no comprenden la mente, practican en vano. Todo lo bueno y lo malo proviene de la mente. Encontrar algo más allá de la mente es imposible.

 

Las doctrinas solo sirven para señalar la mente, la naturaleza original, que una vez vista dejan de tener función. Cuando la epistemología mítica está en activo la función de las doctrinas no tiene final, en ningún momento se postula su desaparición. En cambio Bodhidharma presenta las doctrinas como mediación que deja de ser funcional en el momento en que se ve la propia naturaleza vacía. Las doctrinas son como barcas que se abandonan cuando se llega a la otra orilla.

 

EL SERMÓN DEL AVANCE

 

Contemplar la mente de esta forma, es comprensión.

 

Si alguien está determinado a alcanzar la iluminación, ¿cuál es el método más importante que puede practicar? El método esencial, el que incluye todos los métodos, es la contemplación de la mente. Pero, ¿Cómo es que un método puede incluir a los demás?

 

La mente es la base de la que crecen todas las cosas. Si puedes entender la mente, todo lo demás está incluido. Es como la raíz de un árbol. Todas las flores y frutos, ramas y hojas, dependen de su raíz. Si nutres la raíz, el árbol se multiplica. Si cortas su raíz, el árbol muere. Aquellos que entienden su mente, alcanzan la iluminación con el mínimo esfuerzo. Aquellos que no entienden su mente, practican en vano. Todo lo bueno y malo es producido en la mente. Encontrar algo más allá de la mente es imposible.

 

Pero, ¿Cómo la contemplación de la mente puede llevarnos a su comprensión?

 

Cuando un gran bodhisattva penetra en la Perfección de la Gran Sabiduría, entiende que los elementos de la vida y sus sombras dependen del Yo. Y se da cuenta que la actividad de su mente tiene dos aspectos: el puro y el impuro. Por su propia naturaleza, estos dos estados mentales están siempre presentes. Se alternan como causa o efecto, dependiendo de las condiciones. La mente pura se deleita de actos positivos; la mente impura pasa el tiempo pensando en causar daño.

 

Aquellos que no son afectados por la impureza de la mente, son personas sabias. Trascienden el sufrimiento y viven en el júbilo del nirvana. Todos los demás, aquellos atrapados por la mente impura y enredados en su propio karma, son mortales. Divagan a través de los tres reinos y sufren incontables aflicciones. Y todo porque su mente impura opaca su Yo verdadero.

 

El Sutra de las Diez Etapas dice: En el cuerpo de los mortales existe la naturaleza búdica indestructible. Como el sol, su luz llena el espacio infinito. Pero una vez cubierta por las nubes negras de las cinco sombras, es como una luz dentro de un frasco, lejos de la vista.

 

Y el Nirvana Sutra dice: Todos los mortales tiene naturaleza búdica. Pero está cubierta por oscuridad de la que no pueden escapar. Nuestra naturaleza búdica es la atención plena al presente: vivir en atención y hacer que los demás vivan en atención. Entender la atención plena, es liberación. Todo lo bueno está cimentado en la atención plena. De esta raíz de atención plena crece el árbol de todas las virtudes y el fruto del nirvana.

 

Contemplar la mente de esta forma, es comprensión.

 

ANÉCDOTAS DE BODHIDHARMA

 

Leyendas de Bodhidharma.

 

Dice la leyenda que Bodhidharma era hijo del rey Kañchipuran en el sur de la India, aunque hay autores que dicen que era persa. Llegó a la china desembarcando en Cantón, el 21 de septiembre del año 527. Otros autores ponen la fecha en 475 d. C. El budismo entró en China desde los inicios de nuestra era. En aquella época, en el 527, contaba con mil trescientos templos, treinta mil monasterios y dos millones de monjes.

 

A la llegada de Bodhidharma reinaba en el sur de China el emperador Leang Wu-ti. Austero, probo y humano, tenía un profundo respecto por las letras y los letrados. Honró primero a Confucio levantándole un templo en Nankín, su capital. Luego se convirtió al budismo. Terminó su vida ordenándose monje. Se explican dos anécdotas de él que ilustran el carácter de la enseñanza de Bodhidharma.

 

BODHIDHARMA Y LEANG WU-TI

 

Se cuenta que a la llegada del monje indio, el emperador quiso conocerlo. Se narra como sigue el encuentro del emperador y el monje. El emperador preguntó a Bodhidharma:

 

Desde el inicio de mi reinado he construido tantos templos, he copiado tantos textos sagrados, he ayudado a tantos monjes; según tú, ¿cuál es mi mérito?

¡Ningún mérito!

¿Y eso por qué?

Estas no son sino acciones inferiores que permitirán a su autor renacer en los cielos o en esta tierra. Todavía llevan la marca del mundo y son como sombras que siguen a los objetos. Una acción verdaderamente meritoria está llena de pura sabiduría, perfecta y misteriosa, su naturaleza real está más allá del alcance de la inteligencia humana.

Entonces, ¿cuál es el primer principio de la Santa Doctrina?

Nada puede ser calificado de santo en el principio que es por definición vasto y vacío.

¿Quién es, pues, el que tengo delante de mí?

Lo ignoro.

BODHIDHARMA Y SENG-K'

 

La segunda anécdota es que un día un monje llamado Seng-k’o fue a pedirle su enseñanza. Bodhidharma no le hizo el menor caso. Desesperado, Seng-k’o se cortó el brazo izquierdo y lo ofreció ensangrentado a Bodhidharma, que consintió, por fin, impartirle enseñanza.

 

Evidentemente se trata de una narración simbólica para expresar que la doctrina no se entrega a cualquiera y que la determinación del discípulo debe ser extrema. Lo que Seng-k’o tenía que cortar eran todos los conocimientos que había adquirido, sus antiguas maneras de pensar, que no hacían más que obstruir el acceso directo a la verdad.

 

Se entabló, cuenta la leyenda, el siguiente diálogo:

 

La enseñanza de todos los Buda no debe buscarse a través de otro.

Mi espíritu todavía no está pacificado. Te ruego, Maestro, purifícalo.

Tráemelo y lo purificaré.

Durante años lo he buscado, pero todavía son incapaz de captarlo.

Pues bien, helo aquí pacificado de una vez por todas.

El discípulo se quedó con Bodhidharma 6 años.

 

BODHIDHARMA

HISTORIA ZEN SOBRE EL APEGO

 


SUPERANDO EL APEGO

Cruzar el río, una antigua historia zen.

 

Cuenta una antigua historia zen que un maestro tenía a su cargo la formación de dos jóvenes discípulos. Ambos eran muy buenos aprendices, abnegados y disciplinados. Los dos anhelaban evolucionar y convertirse también en maestros. Cada día hacían lo posible por lograrlo.

 

El maestro buscaba inculcarles, sobre todo, el desapego. Para la filosofía zen, los apegos son la principal fuente de sufrimiento. Desprenderse, dejar ser y dejar pasar son objetivos muy importantes en esa filosofía. El camino del desapego es el camino hacia la paz y esta es el componente esencial de la felicidad.

 

“La ley del talento, como la de la dicha verdadera, es el desinterés”. -José Martí-

 

La historia zen nos dice que los dos jóvenes procuraban, por todos los medios, depender cada vez menos de las cosas y de las personas. Comían apenas lo necesario, e incluso hacían ayunos de varios días, con gran felicidad. Sus ropas eran humildes. Sus habitaciones y camas muy modestas. Nada de ello les parecía un sacrificio, pues su objetivo era evolucionar.

 

UN PASEO AL RÍO QUE LO CAMBIA TODO

Un día el maestro les pidió a sus dos discípulos que lo acompañaran a llevar alimento a una aldea cercana, que era muy pobre. Cuenta la historia zen que ambos aceptaron con gran entusiasmo. De hecho se ofrecieron a cargar pesados canastos. Cuando llegaron al lugar, repartieron el alimento con humildad y actitud de servicio. Los alegraba poder ayudar a otros.

 

Cuando llegaba el momento del regreso, el maestro zen les pidió que dieran un paseo por un bosque cercano al monasterio. Era temprano y todos podrían contemplar la belleza de las flores, del cielo y de los animales. Además, muy cerca estaba el río. ¿Qué mayor dicha que beber de sus cristalinas aguas?

 

Los tres caminaron por un largo rato en completo silencio. Todos disfrutaban de las caricias del sol y del viento. También aspiraban el olor a hierba y escuchaban el canto de los pájaros. Después de un rato llegaron al río. Jamás imaginaron ver lo que allí había: una hermosísima mujer que les sonreía.

 

UN GIRO DESCONCERTANTE EN LA HISTORIA ZEN

Los dos jóvenes monjes quedaron sorprendidos por la belleza de esa extraña mujer. Era la más bella que ambos habían visto. Los dos se pusieron muy nerviosos y comenzaron a caminar tímidamente primero y aparatosamente después. Ambos trastabillaban. Se olvidaron por completo de lo que estaban haciendo y solo tenían ojos para ella.

 

La mujer les sonrió coquetamente al ver su turbación. Luego, con una voz seductora, les pidió el favor de que la ayudaran a cruzar el río. Uno de los jóvenes se apresuró a ayudarla. La tomó entre sus brazos, mientras ella lo miraba de manera insinuante. Él joven monje sonreía. Luego la dejó en la otra orilla y volvió para reunirse con el maestro y su compañero, a quienes había dejado atrás.

 

El maestro miró profundamente a este joven y luego todos prosiguieron el camino. El otro monje permanecía a la expectativa. Miraba al maestro y miraba a su compañero. Luego apretaba los labios, pero no decía nada. Así llegaron al monasterio.

 

UNA ENSEÑANZA: IR DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA

Pasaron los días y el monje seguía a la expectativa. No se explicaba por qué el maestro guardaba silencio ante lo que él había visto como una afrenta. ¿Cómo era posible que el otro monje hubiera cedido a los encantos de la chica y hubiera preferido ayudarla a ella primero, antes que al maestro? Solo pensar en ello lo llenaba de ira.

 

El otro monje estaba muy tranquilo. Seguía con su rutina de siempre y ni siquiera notó el enojo de su compañero. Su relación con el maestro seguía siendo normal y tampoco se refirió nunca más al episodio con la bella mujer. Su compañero comenzó a incubar un rencor sordo que no lo dejaba en paz. Un día cualquiera ya no aguantó más y decidió reclamarle al maestro.

 

“¿Cómo es posible que no le hayas dicho nada a él, que nos dejó plantados al borde del río, mientras lo cruzaba coqueteando con esa desconocida? ¿No vas a decirle nada? ¿Por qué no reprochas su egoísmo y su desconsideración? ¿Por qué no lo recriminas por haber cedido ante el apego a la lujuria?”, le dijo.

 

El maestro se quedó mirándolo en silencio un largo rato. Luego dijo una frase que el monje no olvidaría jamás y que quedó grabada para siempre en esta historia zen. Le contestó así: “Tu compañero tomó a la chica, le ayudó a cruzar por el río y la dejó allí. En cambio tú no has podido desprenderte ni de él, ni de ella, ni del río”.

 

EDITH SANCHEZ


DESCUBRIENDO EL ESPÍRITU DEL ZEN

 


El Zen se aparta de toda teorización, instrucción doctrinaria y formalidades desprovistas de vida; se tratan como simples símbolos de la sabiduría.

 

DESCUBRIENDO EL ZEN

El Espíritu del Zen.

 

Hasta hace poco tiempo el Budismo Zen era casi totalmente desconocido en Occidente, con excepción de unos pocos orientalistas cuyo interés por el tema era principalmente académico. El Zen es tan definidamente distinto de cualquier otra forma de Budismo, y hasta podría decirse de cualquier otra forma de religión, que ha provocado la curiosidad de muchos que normalmente no hubieran pensado en mirar hacia Oriente en busca de sabiduría práctica.

 

Una vez que se provoca curiosidad, no es fácil aplacarla, pues el Zen ejerce una particular fascinación sobre las cansadas mentes de la religión y la filosofía convencionales. Desde un comienzo el Zen se aparta de toda forma de teorización, instrucción doctrinaria y formalidades desprovistas de vida; éstas son tratadas como simples símbolos de la sabiduría, y el Zen está fundado en la práctica y en una experiencia íntima, personal, de la realidad que la mayoría de las formas de la religión y la filosofía no encaran más que como una descripción emocional e intelectual.

 

No se quiere decir con eso que el Zen es el único camino verdadero que lleva a la iluminación; se ha dicho que la diferencia entre el Zen y otras formas de religión reside en que "todos los otros caminos trepan lentamente por las laderas de la montaña, pero el Zen, al igual que un camino romano, arroja a los lados todos los obstáculos y se mueve en línea recta hacia la meta". Después de todo, los credos, los dogmas y los sistemas filosóficos son solamente ideas acerca de la verdad, del mismo modo que las palabras no son hechos sino que hablan acerca de los hechos; mientras que el Zen es una vigorosa tentativa de ponerse en contacto directo con la verdad misma, sin permitir que teorías y símbolos se yergan entre el conocedor y la cosa conocida.

 

En cierto sentido el Zen es sentir la vida en lugar de sentir algo acerca de la vida; no muestra ninguna paciencia hacia la sabiduría de segunda mano, hacia la descripción que haga cualquier persona sobre una experiencia espiritual, o las meras concepciones y creencias. Si bien la sabiduría de segunda mano es valiosa como cartel que señala el camino, con demasiada facilidad se la confunde con el camino mismo, y hasta con la meta final. Son tan sutiles las formas en que las descripciones de la verdad pueden presentarse como la verdad misma, que el Zen es con frecuencia una forma de iconoclastía, una destrucción de las simples imágenes intelectuales de la realidad viviente, cognoscible solamente a través de la experiencia personal.

 

Pero es en sus métodos de instrucción donde el Zen es único. No hay en él enseñanza doctrinaria, ningún estudio de escrituras, nada de programas formales de desarrollo espiritual. Aparte de unas pocas recopilaciones de sermones de los primeros maestros Zen, que son las únicas tentativas de una exposición racional de sus enseñanzas, la casi totalidad de nuestros antecedentes de la instrucción Zen son un número de diálogos (mondo) entre los maestros y sus discípulos que parecen dedicar muy poca atención a las normas usuales de la lógica y el razonamiento sano, a punto tal que aparecen a primera vista como carentes de sentido.

 

Pero el Zen no trata de ser inteligible, es decir, de poder ser comprendido por el intelecto. El método del Zen es desconcertar, excitar, intrigar y agotar al intelecto hasta que se perciba que la intelección es solamente acerca de; habrá de provocar, irritar y volver a agotar a las emociones hasta que se vea claramente que la emoción es solamente sentir acerca de , y luego discurrir, cuando el discípulo haya sido sometido a una impasse intelectual y emocional, sobre cómo salvar la brecha que existe entre el contacto conceptual de segunda mano con la realidad y la experiencia de primera mano. Para lograr esto pondrá en juego una facultad más elevada de la mente, conocida como intuición o Buddhi, denominada en ocasiones "Ojo del Espíritu". Resumiendo: el Zen aspira a concentrar la atención sobre la realidad misma, en lugar de hacerlo sobre nuestras reacciones intelectuales y emocionales ante la realidad; siendo la realidad ese algo siempre cambiante, siempre creciente, que conocemos como "vida", que jamás se detiene ni por un instante para que nosotros la hagamos encajar satisfactoriamente dentro de un rígido sistema de casilleros e ideas.

 

Es así como cualquiera que haga la tentativa de escribir sobre Zen, tiene que enfrentarse con dificultades insólitas: no puede jamás explicar, sólo puede indicar; tan sólo puede ir planteando problemas y proporcionando indicios que, cuando mucho, apenas alcanzaran a acercar al lector a la verdad, pero en el mismo instante en que trata de llegar a una definición exacta, la cosa se le desliza de las manos, y la definición termina siendo nada más que una concepción filosófica.

 

ALAN WATTS


DESCUBRIENDO EL ESPÍRITU DEL ZEN

 


El Zen se aparta de toda teorización, instrucción doctrinaria y formalidades desprovistas de vida; se tratan como simples símbolos de la sabiduría.

 

DESCUBRIENDO EL ZEN

El Espíritu del Zen.

 

Hasta hace poco tiempo el Budismo Zen era casi totalmente desconocido en Occidente, con excepción de unos pocos orientalistas cuyo interés por el tema era principalmente académico. El Zen es tan definidamente distinto de cualquier otra forma de Budismo, y hasta podría decirse de cualquier otra forma de religión, que ha provocado la curiosidad de muchos que normalmente no hubieran pensado en mirar hacia Oriente en busca de sabiduría práctica.

 

Una vez que se provoca curiosidad, no es fácil aplacarla, pues el Zen ejerce una particular fascinación sobre las cansadas mentes de la religión y la filosofía convencionales. Desde un comienzo el Zen se aparta de toda forma de teorización, instrucción doctrinaria y formalidades desprovistas de vida; éstas son tratadas como simples símbolos de la sabiduría, y el Zen está fundado en la práctica y en una experiencia íntima, personal, de la realidad que la mayoría de las formas de la religión y la filosofía no encaran más que como una descripción emocional e intelectual.

 

No se quiere decir con eso que el Zen es el único camino verdadero que lleva a la iluminación; se ha dicho que la diferencia entre el Zen y otras formas de religión reside en que "todos los otros caminos trepan lentamente por las laderas de la montaña, pero el Zen, al igual que un camino romano, arroja a los lados todos los obstáculos y se mueve en línea recta hacia la meta". Después de todo, los credos, los dogmas y los sistemas filosóficos son solamente ideas acerca de la verdad, del mismo modo que las palabras no son hechos sino que hablan acerca de los hechos; mientras que el Zen es una vigorosa tentativa de ponerse en contacto directo con la verdad misma, sin permitir que teorías y símbolos se yergan entre el conocedor y la cosa conocida.

 

En cierto sentido el Zen es sentir la vida en lugar de sentir algo acerca de la vida; no muestra ninguna paciencia hacia la sabiduría de segunda mano, hacia la descripción que haga cualquier persona sobre una experiencia espiritual, o las meras concepciones y creencias. Si bien la sabiduría de segunda mano es valiosa como cartel que señala el camino, con demasiada facilidad se la confunde con el camino mismo, y hasta con la meta final. Son tan sutiles las formas en que las descripciones de la verdad pueden presentarse como la verdad misma, que el Zen es con frecuencia una forma de iconoclastía, una destrucción de las simples imágenes intelectuales de la realidad viviente, cognoscible solamente a través de la experiencia personal.

 

Pero es en sus métodos de instrucción donde el Zen es único. No hay en él enseñanza doctrinaria, ningún estudio de escrituras, nada de programas formales de desarrollo espiritual. Aparte de unas pocas recopilaciones de sermones de los primeros maestros Zen, que son las únicas tentativas de una exposición racional de sus enseñanzas, la casi totalidad de nuestros antecedentes de la instrucción Zen son un número de diálogos (mondo) entre los maestros y sus discípulos que parecen dedicar muy poca atención a las normas usuales de la lógica y el razonamiento sano, a punto tal que aparecen a primera vista como carentes de sentido.

 

Pero el Zen no trata de ser inteligible, es decir, de poder ser comprendido por el intelecto. El método del Zen es desconcertar, excitar, intrigar y agotar al intelecto hasta que se perciba que la intelección es solamente acerca de; habrá de provocar, irritar y volver a agotar a las emociones hasta que se vea claramente que la emoción es solamente sentir acerca de , y luego discurrir, cuando el discípulo haya sido sometido a una impasse intelectual y emocional, sobre cómo salvar la brecha que existe entre el contacto conceptual de segunda mano con la realidad y la experiencia de primera mano. Para lograr esto pondrá en juego una facultad más elevada de la mente, conocida como intuición o Buddhi, denominada en ocasiones "Ojo del Espíritu". Resumiendo: el Zen aspira a concentrar la atención sobre la realidad misma, en lugar de hacerlo sobre nuestras reacciones intelectuales y emocionales ante la realidad; siendo la realidad ese algo siempre cambiante, siempre creciente, que conocemos como "vida", que jamás se detiene ni por un instante para que nosotros la hagamos encajar satisfactoriamente dentro de un rígido sistema de casilleros e ideas.

 

Es así como cualquiera que haga la tentativa de escribir sobre Zen, tiene que enfrentarse con dificultades insólitas: no puede jamás explicar, sólo puede indicar; tan sólo puede ir planteando problemas y proporcionando indicios que, cuando mucho, apenas alcanzaran a acercar al lector a la verdad, pero en el mismo instante en que trata de llegar a una definición exacta, la cosa se le desliza de las manos, y la definición termina siendo nada más que una concepción filosófica.

 

Alan Watts


TEXTOS ZEN

 




Somos arrastrados como nubes a través de nacimientos y muertes.

El camino de la ignorancia y el camino de la iluminación lo recorremos soñando.

Sólo una cosa permanece todavía en mi memoria, incluso después de despertar:

el sonido de la lluvia que escuchaba una noche en mi retiro de Fukakusa.

Dogen

 

 

He aquí la historia de Tokujo, el barquero, y de su discípulo Kassan. Durante veinte años Tokujo recibió educación del Maestro Tosen practicando za-zen con él. Antes de morir, Tosen le dio el shiho. Entonces Tokujo se hizo barquero y durante treinta años estuvo aguardando al verdadero discípulo. El poema dice:

 

       «Quería pescar un gran pez,

       pero ningún pez nadaba

       en aquellas aguas demasiado puras.»

 

Para hacerse sus cañas de pescar había cortado todos los bambúes de la selva y se disponía a replantarlos cuando, un día, un hombre llamado Kassan llegó a la orilla del río. Inmediatamente Tokujo comprendió que este hombre era «el» gran pez.

 

- ¿De dónde vienes?

 

- No vengo de ninguna parte

 

El discípulo parecía interesante.

 

- Así pues, ¿quién te ha educado?

 

- Za-zen me ha educado.

 

Un gran mondo tuvo lugar. Tokujo quería conocer a fondo al nuevo discípulo y, a guisa de respuesta a las palabras de Kassan, Tokujo le echaba cada vez al agua.

 

- Tus respuestas, aunque sean exactas, no son justas, es lo mismo que golpear a un asno.

 

Y de un puntapié, Tokujo echaba a Kassan al agua. Cuando Kassan abría la boca para responder, Tokujo gritaba:

 

- ¡No quiero discutir contigo!

 

Y plof... volvía a echarlo al agua. Kassan obtuvo un gran satori. Entonces Tokujo lo sacó del agua y, dulcemente, le tomó de la mano.

 

       «¡Hace treinta años que aguardo este momento!

       ¡Hoy un gran pez ha mordido el anzuelo!

       Mi pesca, pues, ha terminado.»

 

 

Tokujo transmitió el shiho a Kassan y le dio su kesa. Entonces, bruscamente, la chalana volcó y Tokujo murió. Las historias de la transmisión son siempre singulares. Kassan, el gran pez, llegó a ser un gran Maestro Zen

Taisen Deshimaru

 

 

 

Un día que estaba lloviendo, Kyosho el maestro dijo a un monje:

 

- ¿Qué es ese sonido que se oye ahí fuera?

 

- El sonido de la lluvia, maestro.

 

Era una respuesta sincera, y el maestro sabía desde el principio de qué se trataba. A continuación, sin embargo, añadió:

 

- Todos los seres están confundidos, están siempre persiguiendo los objetos externos, sin encontrar el yo real.

 

Seccho comenta:

 

Una sala vacía y el sonido de la lluvia;

en verdad, una pregunta difícil de responder incluso para un maestro experimentado.

Colección de la roca azul

 

 

 

En tiempos de la dinastía T'ang, un monje preguntó a Joshu:

 

- Se afirma que el camino perfecto no conoce dificultades; sólo que aborrece la discriminación. ¿Qué se quiere decir con ausencia de discriminación?

 

Joshu respondió:

 

- «Por encima de los cielos y por debajo de los cielos yo soy el Único Reverenciado»

 

- Todavía una discriminación...

 

- ¡Oh, inútil! ¿Dónde está la discriminación?

D. T. Suzuki

 

 

El Zen y la cultura japonesa

Dos seguidores del zen estaban un día discutiendo sobre la doctrina. Uno, llamado Chokei, decía:

 

- Incluso de un arhat plenamente iluminado puede decirse todavía que abriga algo de las tres pasiones que envenenan (avaricia, ira y locura), pero en cuanto a Buda, nunca hace una afirmación errónea. Cualquier cosa que afirme es la verdad absoluta. ¿Qué dices a esto?

 

Hofuku respondió:

 

- ¿Cuál es esa afirmación de Buda?

 

- El sordo no puede oír.

 

- Estás bajando a un nivel secundario.

 

- ¿Cuál es entonces, según tú, la afirmación de Buda?

 

- Toma una taza de té, hermano monje.

 

 

Transformación de la lámpara

Citado por D. T. Suzuki

 

Fuente: Osho ulaab


LA GRAN PERLA

 


Extractos del shastra: Tun Wu Ja Tao Jao Men Lun o tratado acerca de la entrada en la verdad por el despertar instantáneo.

 

Paisaje1

¿Quiere usted hablarnos de dhyana y de samadhi?

 

Cuando el pensamiento erróneo se para, es dhyana. Contemplar su naturaleza original, es samadhi, pues en verdad, esta naturaleza original es nuestra esencia. Por el samadhi retiráis vuestra mente de lo que la rodea, volviéndola así insensible a las ocho influencias, es decir: la pérdida y la ganancia, el elogio y la calumnia, la alabanza y la censura, la alegría y la tristeza. Actuando de este modo, incluso un hombre ordinario puede realizar el estado de Budha. El sutra de los Preceptos del bodhisattwa dice: «todos los que observan los preceptos de Budha, por ello mismo realizan la Budeidad». Hay otras maneras de expresar lo mismo, por ejemplo: liberación, ganar la otra orilla, transcender los seis estados a los cuales están sometidos los mortales, transpasar los tres mundos o convertirse en un poderoso bodhisattwa, un sabio omnipotente, un conquistador.

 

Cuando hay sonido, hay audición. Cuando no hay sonido, ¿permanece la audición?

 

Si.

 

Cuando hay sonido, es lógico que nosotros lo escuchemos. ¿Cómo podemos escuchar cuando hay ausencia de sonido?

 

Nuestro propósito concierne esta escucha, independientemente del hecho de que haya un sonido o no.

 

¿Cómo puede ser eso?

 

Siendo eterna la naturaleza de la escucha, nosotros oímos, haya presencia o ausencia de sonido.

 

Si es así, ¿quien o qué escucha?

 

Es vuestra propia naturaleza la que oye, y el conocedor interno el que sabe.

 

Hablando de la iluminación abrupta, ¿qué se puede decir de su doctrina, de su objetivo, de su substancia y de su función?

 

Abstenerse de pensar es su doctrina, no dejar surgir los pensamientos erróneos es su objetivo, la pureza es su substancia y la sabiduría su función.

 

Hemos dicho que abstenerse de pensar es su doctrina, pero no hemos examinado todavía el significado de este término. ¿De qué debemos abstenernos de pensar?

 

Esto no quiere decir que debemos abstenernos de pensar, sino abstenernos de pensar de manera errónea.

 

¿Qué entiende usted por pensamiento justo y pensamiento erróneo?

 

Pensar en términos de ser y de no ser es llamado pensamiento erróneo, mientras que abstenerse de pensar en esos términos es llamado pensamiento justo. Igualmente pensar en términos de bien y mal es llamado pensamiento erróneo y no pensar de esta manera es llamado pensamiento justo. El mismo razonamiento se aplica a las categorías opuestas: la tristeza y la alegría, el principio y el fin, la aceptación y el rechazo, la simpatía y la antipatía, el amor y el odio, todo esto es pensamiento erróneo, mientras que abstenerse de pensar de esta manera es llamado pensamiento justo.

 

¿Puede usted explicarnos el pensamiento justo de una manera más precisa?

 

Pensar justo quiere decir pensar solamente en la iluminación.

 

¿Es la iluminación algo tangible ?

 

No, no lo es.

 

¿Cómo podemos pensar en la iluminación si ella no es objetivable?

 

Es como si la iluminación (bodhi) fuese un simple término aplicado a eso que, en realidad, es no-objetivable, algo que nunca ha sido y jamás será alcanzado. Siendo no-objetivable es impensable y pensar que es impensable, es llamado pensamiento justo de la iluminación, en otros términos, nuestra mente no tiene ya nada sobre lo que apoyarse. El término impensable es igualmente aplicable a las diferentes categorías de objetos mencionados anteriormente, que hemos considerado como pensamientos erróneos: no son más que denominaciones adaptadas según las circunstancias, son de la misma esencia en la cual no existen ni diferencia ni multiplicidad.

 

En resumen, ser consciente de la mente sin apoyarse en nada es de hecho estar sin pensamiento, y de este estado fluye naturalmente la liberación.

 

El sutra dice: «nada de palabras, ninguna formulación, esto es lo que se entiende por dhyana». ¿Podemos también hablar de dhyana mientras que estamos comprometidos en la acción?

 

Mi definición de dhyana se refiere al eterno dhyana no afectado por la palabra o por el silencio. ¿Por qué?, porque la naturaleza de dhyana permanece incluso cuando estamos comprometidos en la acción o en la elección, nuestra acción y nuestra elección forman parte integrante de dhyana. Del mismo modo, cuando surge la contemplación de formas en una mente no sobrecargada, la vacuidad persiste tanto en el momento en que miramos estas formas como cuando no hablamos o no estamos comprometidos en otras actividades. Lo mismo se aplica a la visión, a la audición, a la sensación, y a la percepción. ¿Cómo es esto? Porque nuestra propia naturaleza es vacuidad y permanece así en toda situación. Siendo vacía, está libre de todo apego y es precisamente este desapego el que permite la acción simultánea, en el mismo plano, de dhyana y del conocimiento. Todos los bodhisattwas utilizan este enfoque del vacío universal para alcanzar el objetivo final. También está escrito «cuando dhyana y el conocimiento están en el mismo plano, es eso lo que llaman liberación».

 

Tomemos otro ejemplo a fin de clarificar esta cuestión de despertar vuestra comprensión y de liberaros de vuestras dudas: el de un espejo; ¿cuando refleja, su brillo es afectado? No, desde luego. ¿Y cuando no refleja nada, cambia su propiedad de reflejar? Tampoco. ¿Por qué? El espejo no es afectado haya o no haya un objeto, pues su propia naturaleza es la de reflejar, sin ser de otra manera afectado. ¿Y entonces? Allí donde no hay reacción no puede haber ni movimiento, ni ausencia de movimiento. Tomad el ejemplo de la luz del sol. ¿Son sus rayos afectados si encuentran o no encuentran un objeto? No. ¿Por qué? Porque están desprovistos de toda forma de sensación. Que no sean afectados encontrando o no encontrando un objeto, es debido al hecho de que su propia naturaleza es brillar sin conocer ninguna forma de sensación. La propiedad de reflejar es la de prajna (el conocimiento), mientras que la de la inmutabilidad perfecta es la de dhyana. Este método de dhyana y del conocimiento es el que permite al bodhisattwia alcanzar la iluminación suprema. Por esto está escrito «cuando dhyana y el conocimiento existen en el mismo plano, es eso lo que llaman liberación». Pero cuando antes mencionaba la ausencia de sensación, consideraba la sensación ordinaria y no la sensación de lo sagrado.

 

¿En que se diferencian?

 

Las sensaciones ordinarias pertenecen a la relación sujeto-objeto, mientras que la sensación de lo sagrado pertenece a la realización de la ausencia de opuestos.

 

Extractos del Shastra: Tsung Ching

Un monje pregunto un día: «¿Por qué prohibe usted la recitación de los sutras y la asemeja a la utilización de una lengua que os sería extraña?»

 

Porque aquellos que se dedican a ello son semejantes a loros que imitan el lenguaje humano sin comprender su sentido. Los sutras transmiten el sentido profundo de lo que Budha ha querido decir y los que los recitan sin comprender este significado repiten solamente las palabras de otro, por eso yo lo desaconsejo.

 

¿Puede haber un significado diferente del que emana de los escritos, de las palabras o de los discursos?

 

Su manera de hablar revela que no hace mas que imitar las palabras de otro.

 

Sin embargo, nosotros en este mismo momento, también nos servimos de palabras. ¿Por qué oponerse a su uso de una forma tan absoluta?

 

Ahora escuche atentamente: los sutras son escrituras enunciadas en un orden preciso. Cuando yo hablo, me sirvo de palabras cargadas de un sentido preciso, pero no son escrituras. Cuando la mayoría de los seres humanos hablan, emplean palabras sacadas de las escrituras, pero estas palabras están vacías de significado. Para comprender el significado real, debemos ir más allá de palabras muertas. Para despertarnos a la ley fundamental debemos elevarnos más allá de las escrituras. El dharma está más allá de las palabras y de las escrituras. ¿Cómo buscarlo en un amasijo de frases? Los que están en la vía de la iluminación olvidan toda formulación cuando han alcanzado el sentido profundo. Despiertos a lar ealidad, olvidan la doctrina, como el pescador que, cogido el pez, ya no se interesa por la red, o el cazador que, después de haber atrapado el conejo, olvida su lazo.

 

¿Qué entiende usted por percepción justa?

 

La percepción de que no hay nada que percibir.

 

¿Qué quiere decir eso?

 

Eso quiere decir: contemplar toda clase de formas, pero sin ser afectado de ninguna manera, sin que en la mente surga ningún sentimiento de simpatía o antipatía. A alcanzar este estado se le dice obtener el ojo de Budha, que no es otra cosa que la propia visión de Budha. Por el contrario, si el espectáculo de variadas formas hace surgir la simpatía o la antipatía, es acceder a darles una existencia objetiva, por tanto tener el ojo de un ignorante, pues en realidad, los ignorantes no tienen otra clase de visión. Lo que se ha dicho aquí a propósito del órgano de la visión es aplicable a los otros órganos de percepción.

 

¿Es grande prajna?

 

Lo es.

 

¿Cómo de grande?

 

Sin límite.

 

¿Es pequeño prajna?

 

Lo es.

 

¿Cómo de pequeño?

 

Tan pequeño que es invisible.

 

¿Dónde está?

 

¿Dónde no está?

 

 

Extractos de the zen teaching of hui hai, trad. por John Blofeld, Rider and co (London). Hui Hai (+788), conocido bajo el nombre «La Gran Perla», era el sucesor de Ma-Tsu, eminente descendiente del 6º patriarca.

 

Por Hui Hai

Traducido por Isabel Dorronsoro

Fuente: Revista SER - Una aproximación a la no-dualidad (Nº 0, 1.991)

 

Fuente: No-Dualidad