ROBERT WHITAKER Y SU SÓLIDA CRÍTICA A LOS PSICOFÁRMACOS





Robert Whitaker ha sido una de las voces más críticas frente a la psiquiatría durante los últimos años. Curiosamente él no es psiquiatra, ni psicólogo ni nada por el estilo. Su profesión es la de periodista y se adentró en el tema de la salud mental debido a un dato que le pareció escandaloso.

En el año de 1994, la facultad de medicina de la Universidad de Harvard publicó un estudio en el cual se demostraba que las personas con esquizofrenia empeoraban cuando se les administraban medicamentos. Así mismo, mostraba que en países del llamado “tercer mundo”, los pacientes que no tenían acceso a las medicaciones presentaban una evolución más favorable.

“Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Es un éxito comercial”.

-Robert Whitaker-

El olfato periodístico de Robert Whitaker lo llevó a indagar sobre el tema. A partir de ello publicó una serie de artículos en el Boston Globe. Luego escribió un libro que en poco tiempo se convirtió en un clásico del tema. Se llama Anatomía de una epidemia y en él pone en tela de juicio, a partir de datos muy precisos, lo que se sabe de los psicofármacos hasta el momento.

Robert Whitaker y sus investigaciones
El primer fruto de las investigaciones de Whitaker fue el libro Mad in America. Allí exponía las conclusiones del estudio de Harvard y de la propia Organización Mundial de la Salud. Según estas, los esquizofrénicos de los países más desarrollados tenían una evolución más pobre, pese a que tenían acceso a los antipsicóticos de última generación. Exactamente ocurría lo opuesto en los países pobres.



Tras esa publicación se desató una gran controversia, encabezada por los psiquiatras. Lo acusaban de ser poco riguroso en sus apreciaciones. Por eso Robert Whitaker se dio a la tarea de realizar una investigación mucho más minuciosa y de largo aliento. Para ello, se centró exclusivamente en las personas que estaban diagnosticadas de depresión y que tomaban medicamentos para tratar su problema.

Uno de los datos que concluyó fue el hecho de que la enfermedad mental había crecido en los Estados Unidos de una manera alarmante. Y dicho crecimiento coincidía con la distribución y uso de los psicofármacos. Mientras que en 1955 había 355.000 personas internas en instituciones psiquiátricas de USA, para 1985 el número había llegado a 1.200.000 pacientes. ¿Cómo explicar que a mayor número de tratamientos disponibles, más enfermos surgieran?

Algunos datos del trabajo de Whitaker
Con base en la anterior cifra, Whitaker incrementó el detalle de sus investigaciones y su observación. Analizó casos puntuales y estadísticas disponibles. Así llegó a la conclusión de que antes de que aparecieran los antidepresivos químicos, las personas que padecían de este mal tenían etapas de incremento de sus síntomas, pero luego estos remitían de forma casi natural.



Robert Whitaker concluye, a partir de las cifras que tiene disponibles, que los antidepresivos parecen generar un efecto positivo en los primeros dos años de tratamiento. Sin embargo, si el uso de estos medicamentos se prolonga, las personas empeoran y su depresión se torna crónica.

De hecho, Whitaker propone algo todavía más preocupante. Según los datos que logró acopiar, el uso prolongado de antidepresivos genera episodios psicóticos. Señala que los casos analizados muestran que cuando esto ocurre, los psiquiatras simplemente cambian el diagnóstico de depresión, por otro de bipolaridad. Indica que algo similar ocurre con los antipsicóticos que les son prescritos a las personas con esquizofrenia.

¿Qué pasa entonces?
Los planteamientos de Robert Whitaker causaron gran controversia, incluso dentro de la misma Universidad de Harvard. El periodista no se conformó con hacer un diagnóstico de la situación, sino que abiertamente acusó a las grandes multinacionales farmacéuticas de estar detrás de este fenómeno. Las señala como las responsables de cronificar los problemas mentales para construir un mercado cautivo.

Obviamente muchos psiquiatras han rebatido a Whitaker. Sin embargo, Marcia Angell, editora en jefe del New England Journal of Medicine en 2011, avaló los hallazgos del periodista. No solo encontró evidencias de que podía estar en lo cierto, sino que además fue una de las impulsoras de un proyecto para que Whitaker impartiera capacitaciones a los psiquiatras en Estados Unidos.



Quienes han estado al tanto de la polémica, señalan que la principal prueba de que Robert Whitaker tiene un trabajo sólido e impecable, es el hecho de hasta ahora ninguna compañía farmacéutica lo ha demandado por sus afirmaciones. Si contuviera alguna falsedad, seguramente lo habrían llevado a los tribunales para que se retractara y, de ese modo, el prestigio de las farmacéuticas se mantuviera intacto. Su obra es fresca, interesante y valiosa. Vale la pena conocerla.

 Fuente: La Mente es Maravillosa

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