SOL EN PISCIS







SOL  EN  PISCIS

El mes de Piscis se extiende desde el 20 de febrero hasta el 20 de marzo. La Luna Llena de Piscis cae en la época en la que nuestro Sol está en Piscis. Las meditaciones grupales se celebran en la época de la luna llena porque las energías están más fácilmente disponi­bles para que se las absorba y distribuya. Siempre que la gente se congrega con intenciones elevadas, crea un campo magnético que atrae energías superiores.
El símbolo de Piscis presenta dos peces atados con un hilo. Uno es grande y el otro pequeño. El pequeño es la personalidad o las na­turalezas física, emocional y mental, cuando se funden y mezclan como una unidad. El otro pez es el alma humana, el Yo, el hombre real.

Estos dos peces están atados con el hilo de la vida, que proviene del centro interior del Yo y que alimenta a los millones de vidas de la personalidad en sus tres niveles. Estos dos peces están atados jun­tos y los movimientos de un pez afectan al otro. Ellos se condicio­nan estrechamente.

Durante largo tiempo, en el sendero de su evolución, el hom­bre actúa como el pez pequeño, y el grande le sigue. Pero a medida que su evolución avanza, el pez pequeño pierde lentamente su con­trol sobre el grande, y llega un día en el que el pez grande se traga al pequeño y se convierte en una personalidad fundida con el Alma.

Este es un modo simbólico de decir que la personalidad se con­vierte en sierva obediente del Yo superior e irradia la luz, el amor y el poder del Yo interior a través de todas sus actividades, emociones y pensamientos. Ahora la personalidad sólo existe para servir al Yo superior.

Esta transformación se logra a través de tres notas claves funda­mentales del pisciano.

prisión o cautiverio;
renunciamiento o desapego;
sacrificio y muerte.
La primera se refiere al ciclo en el que la Chispa humana es aprisionada en la personalidad triple, y la vida de los vehículos físico, emocional y mental la reduce a cautiverio.

El segundo ciclo se refiere al tiempo en el que el alma humana, despierta lentamente, y se aparta del anhelo de personalidad.

El tercer ciclo se refiere a la época en la que el alma se sacrifica para redimir las vidas de la personalidad, y a su tiempo para introdu­cir a la personalidad en la muerte mística. En esta etapa es que la personalidad se transforma y a su tiempo se transfigura dejando que la plena luz del Alma se irradie en el mundo.

La clave principal es el desapego: el desapego respecto de los im­pulsos y tendencias ciegos, de las trampas emocionales, de las crista­lizaciones mentales y de la esclavitud del interés por uno mismo.

Mientras permanezcamos apegados a nuestras personalidades, ha­remos, sentiremos y pensaremos cosas que no sean en interés de nues­tra evolución espiritual. Un punto de desapego es la oportunidad pa­ra que el Alma gane el control.

El apego físico conduce a los hábitos; el apego emocional condu­ce a las perturbaciones emocionales; y el apego mental conduce al fanatismo. Todos estos fenómenos son una forma de solidificación de la fuerza y la energía en el aura, que construye un surco en el que corre la vida de la personalidad.

El desapego es el proceso de disolución de tales solidificaciones y la libertad de la conciencia para actuar sin ser controlada por los factores precondicionantes de los hábitos, las perturbaciones emocio­nales y el fanatismo.

Estamos apegados a nuestros útiles mentales. Ellos son nuestras opiniones y tradiciones, y nuestros datos recogidos por diversos me­dios. Si no los transformamos en sabiduría, se convierten en obstácu­los en nuestro sendero. No podemos expandirnos más allá de ellos, porque todos estos datos construyeron una norma dentro de nuestra mente y no podemos ver más allá de ella. Este es también un modo de “ir hacia la materia”, más allá de la cual para nosotros no existe nada. Siempre que más allá de nosotros no existe nada, estamos “muertos” en esa época. Esto significa que los que están apegados ciegamente a sus personalidades van hacia la materia; pero los que están liberados de sus personalidades y marchan hacia su esfera es­piritual son luces brillantes, que ayudan a los demás a que hallen su camino. Son luces brillantes, no sólo en sus hogares sino también en su nación y en el mundo.

De modo que puede decirse que el pez grande simboliza a todos aquellos que aumentan su luz, y el pez pequeño simboliza a los que son prisioneros de sus personalidades. En la época en la que el Sol está en Piscis, debemos asegurarnos de que la naturaleza superior de nuestro ser reciba más energía, y de que el pez pequeño siga al pez grande.

En cada luna llena, debemos enfrentarnos y preguntarnos cuál es el estado de nuestra personalidad y nuestra Alma, y cómo se rela­cionan una con la otra. ¿Qué puedo hacer para mejorar mi estado del ser a fin de que me convierta en un canal puro de las energías zo­diacales?

Piscis encauza a la energía del segundo y sexo rayos con otros dos signos.

Estas dos energías llegan a los seres humanos a través de regen­tes exotéricos y esotéricos.

El regente exotérico transmite energía a nuestra personalidad, o la personalidad responde a la energía transmitida a través del re­gente exotérico; en este caso, es Júpiter, la energía del segundo rayo.

El regente esotérico transmite energía a la personalidad fundida con el Alma, o al Alma, a la Tríada Espiritual, o incluso a la Móna­da. Además, puede decirse que el Alma responde a la energía que lle­ga a través del regente esotérico. En este caso, es Plutón quien trans­mite la energía del primer rayo.

Piscis tiene otra conexión. Se relaciona con la Jerarquía creativa primera o suprema, que, a su vez, se relaciona con el tercer rayo.
Esto significa que, en el mes de Piscis, y especialmente en la Lu­na Llena de Piscis, la humanidad está bajo el influjo de:

La energía del primer rayo;
 La energía del segundo rayo;
 La energía del tercer rayo;
 La energía del sexto rayo.
Esto significa:

Poder de voluntad;
Amorsabiduría;
Inteligencia,
Devoción,
que están disponibles para la humanidad si ésta está dispuesta a usar­los.

Estos son los rayos que, a su tiempo, producen un Salvador del mundo, si un hombre renuncia gradualmente a la voluntad de su per­sonalidad y funciona en la voluntad del Yo superior.

La energía del primer rayo funciona en la conciencia como:

 Intención,
Decisión,
Adecuación a la meta,
Empeño,
Auto ejercicio.
Estas virtudes tienen la cualidad del primer rayo. Purifican y ani­quilan los obstáculos que obstaculizan nuestro avance por el sendero.

La energía del segundo rayo, cuando se expresa como virtudes, crea todas las relaciones magnéticas y la sabiduría que nos conducen adelante por el sendero de la espiritualización. En este rayo, expan­dimos nuestra cualidad del corazón. Acrecentamos nuestro amor ha­cia toda la existencia, y la visión de la unidad y la fraternidad se con­vierte en un impulso dentro de nosotros.

La energía del tercer rayo es el análisis, la relación, la adaptación, la matemática y la arquitectura, y nos da modos y medios prácticos de lograr nuestra meta.

La energía del sexto rayo es la fuente de la voluntad de causar, de la devoción, de la aspiración intensa y la perseverancia.

Todas estas energías están disponibles en la época de la Luna Llena de Piscis cuando están en contacto estrechísimo con nuestro planeta. El contacto y la asimilación se realizan a través de la medita­ción sobre las virtudes de los rayos. Esto crea el magnetismo en los planos superiores para recibir las energías de los rayos relacionados con las virtudes.

Es muy importante saber que el principal factor determinante pa­ra la recepción de las energías superiores de las constelaciones es el nivel de nuestra conciencia. Podemos tener una combinación de cualquier rayo, pero si nuestra conciencia está esclavizada en ilusio­nes, hechizos y maya, estamos acrecentando nuestros vicios aunque estemos en contacto con estas energías zodiacales o radiales.

Si en nuestro mecanismo se hallan rayos expresados por una luna llena específica, eso puede ser beneficioso o perjudicial para noso­tros. Si estamos concentrados en los planos superiores, es beneficio­so, pero, si estamos concentrados en los planos inferiores, acrecenta­rá nuestros problemas en la época del contacto más estrecho con las energías zodiacales.

Los signos del zodíaco tienen sus personalidades y sus Almas en magnitud cósmica.

Tauro, Géminis, Libra, Escorpio y Acuario son los signos que tie­nen el mismo rayo para su Alma y su personalidad.

Tauro y Escorpio tienen el cuarto rayo, Géminis tiene el segundo rayo, Libra tiene el tercer rayo, y Acuario, el quinto rayo. La humanidad es, en consecuencia, el cuarto rayo, Tauro tiene gran influen­cia sobre el reino humano.

Géminis encauza al segundo Rayo de AmorSabiduría, y lo trans­mite a nuestro planeta.

Piscis tiene un Alma del segundo rayo y una personalidad del sexto rayo, y porque estos dos rayos guardan mutua corresponden­cia, Piscis tiene una gran corriente de energía desde el segundo has­ta el sexto rayo.

La prueba continua a la que está sujeto un pisciano es:

“Hágase, Padre, no mi voluntad sino la Tuya”.

A través de estas pruebas, el hombre se funde gradualmente con la voluntad del Alma, la Tríada Espiritual, la Mónada, y gana lenta­mente control sobre su yo inferior. A medida que este control au­menta progresivamente, el individuo pisciano se convierte en un ser­vidor en un grupo, en una nación o en el mundo.

Piscis es un signo de agua y esto se refiere a la cualidad de:

Purificación;
Abundancia o fertilidad.
Purifica y da vida.
Piscis se relaciona con los pies; éstos son el símbolo de la direc­ción. Al comienzo de la Era Pisciana, Cristo lavó los pies de Sus discípulos, dándoles un conocimiento intuitivo del sendero en el que ellos lograrían su meta espiritual. El destino de ellos era prepa­rar a la humanidad para su próxima reaparición y para la exte­riorización de la Jerarquía.

Cada rayo que se imprime en un ser humano se manifiesta como virtudes o vicios. Si se purifican los vehículos del hombre, y la conciencia del hombre se concentra en la Tríada Espiritual, los rayos se manifiestan como virtudes.

Si los vehículos están llenos de maya, hechizos e ilusiones, el ra­yo se manifiesta como vicios.

Si un hombre funciona aún dentro de su yo inferior o en su per­sonalidad, los vicios de los rayos primero, segundo, tercero y sexto se expresan a través de él en el mes de Piscis como:

Primer rayo

     Orgullo,
     Ambición,
    Deseo de controlar a los demás.
Segundo rayo

      Frialdad,
      Indiferencia hacia los demás,
      Excesiva concentración en el estudio.
Tercer rayo

      Orgullo intelectual,
      Aislamiento,
      Crítica excesiva hacia los demás.
Sexto rayo

      Amor egoísta y celoso,
      Excesiva dependencia de los demás,
      Parcialidad.
Estos vicios aparecen naturalmente como malas hierbas cuando la influencia de la energía de Piscis golpea al hombre promedio. He ahí porqué somos impulsados a prepararnos para cada luna llena y a elevar nuestra conciencia hacia el nivel del Alma, e incluso hasta la Tríada Espiritual. Tal preparación no sólo será una protección para nosotros y los demás, sino también una bendición. En la época en que se libere esta energía especial, podremos recibir, asimilar, expre­sar creativamente y usar la energía para la elevación de los demás.

Cuando un hombre actúa como discípulo o iniciado, en su vida aparecen las virtudes de los rayos. En este caso, las siguientes virtu­des aparecerán condicionadas por la respuesta del hombre:

Primer rayo

Coraje, intrepidez,
Firmeza,
Aptitud para evaluar al hombre y a todos los fenómenos.
Segundo rayo

Paciencia, aguante,
Fidelidad,
Animo sereno.
Tercer rayo

Sinceridad de propósito,
Intelecto claro,
Capacidad de concentración en estudios filosóficos.
Sexto rayo

Devoción,
Sencillez,
Ternura,
Intuición.
Nótese que el mismo rayo puede expresar virtudes o vicios. Si estamos atados a la personalidad, que está contaminada por ilusio­nes, espejismos y maya, la expresión del rayo estimulará nuestros vi­cios.

Por otro lado, si funcionamos en el nivel del Alma, o en la Tría­da Espiritual, los rayos que nos atraviesen expresarán las virtudes.

Cuando elevamos lo más alto posible, nuestra conciencia duran­te los cinco días del período inmediato de luna llena, y nos aparta­mos de nuestras ilusiones y espejismos, los rayos acrecentarán nues­tras cualidades espirituales y virtudes, especialmente en el tiempo exacto de la luna llena. He ahí porqué tenemos encuentros y medi­taciones de luna llena.

Es a través de estas virtudes que el hombre irradia su belleza es­piritual a los demás y, a su tiempo, se convierte en un servidor ver­dadero. A medida que avanza a través de los misterios de las inicia­ciones, desarrolla desapego, renunciamiento y sacrificio. Sólo a tra­vés del renunciamiento y del sacrificio el Sol interior se irradia. De­bemos renunciar a todas las trampas y tentaciones, y a toda escla­vitud de nuestra personalidad. Entonces, nuestra Chispa se libera­rá en sacrificado servicio. Para hacer esto, el pisciano deberá medi­tar y desarrollar las siguientes virtudes:

Primer rayo

Ternura,
Humildad, circunspección,
Tolerancia, paciencia.
Segundo rayo

Amor,
Desinterés,
Compasión.
Tercer rayo

Exactitud,
Sentido común,
Devoción.
Sexto rayo

Sacrificio personal,
Pureza,
Serenidad,
Equilibrio.
Podemos usar estas virtudes como pensamientos simientes, espe­cialmente cuando el Sol está en Piscis. Los que tengan las cualida­des de los rayos antedichos podrán absorber más energía y cultivar virtudes más fácilmente.

El meditar sobre estas virtudes durante el período pisciano de veintinueve días nos ayudará a crecer espiritualmente año tras año, hasta que la belleza más recóndita de nuestro corazón, que es el ori­gen de todas las virtudes, se manifieste permanentemente durante toda nuestra vida.

Los tres signos más importantes son: el del sol, el signo ascen­dente y el que la luna ocupa.

El signo del sol indica los problemas actuales del hombre. Se re­laciona principalmente con la personalidad, con el aspecto de la actividad del hombre. Revela los vicios, que deberán vencerse y las virtudes a desarrollar.

El signo ascendente indica la meta de esta vida o el propósito in­mediato del Alma para esta encarnación. Trabaja para el futuro. Pre­senta la fuerza del Alma y la meta para este ciclo de vida o para las siete vidas. Es la oportunidad del Alma.

El signo de la luna se refiere al pasado, a la limitación. Gobier­na al cuerpo y muestra dónde ha de hallarse la prisión del Alma.

Los discípulos e iniciados trabajan con sus signos ascendentes porque pugnan en pos del futuro. No tienen control sobre su pasado, pero lo que es bastante curioso es que tienen control sobre el futuro. Si hubiéramos pensado más acerca de nuestras encarnaciones futu­ras, nuestro presente sería mucho mejor.

El signo ascendente está activo en nuestra vida si la persona se orienta hacia el futuro, es condicionada por el futuro y actúa para el futuro. Si la controla el signo de la luna, se inclina por el pasado y es estrictamente conservadora.

Cuando nuestros signos solar y lunar son el mismo, significa que no hay conflicto entre nuestro pasado y nuestro presente, y no pro­gresamos mucho.

Cuando una persona tiene el mismo signo del sol, ascendente y de la luna, eso no significa que sea un ser avanzado, a menos que funcione bajo las virtudes de los rayos del signo. Si está trabajando bajo el control de los vicios de los rayos, es un hombre promedio, y muy peligroso, debido al hecho de que sus vicios se ampliarán mu­chísimo debido al énfasis de un signo. Y si sus pensamientos son controlados por el pasado, su signo del sol y su signo ascendente la obligarán a permanecer en el pasado y ser influida por éste. Cuan­do nuestro signo de la luna y nuestro signo ascendente son el mismo, eso significa que tuvimos pocas encarnaciones con nuestro actual sig­no ascendente, sin mucho progreso.

Cuando tenemos las virtudes de nuestro signo ascendente que se expresa a través de nuestra personalidad sin resistencia alguna, eso significa que hemos tenido el mismo signo ascendente antes, y que hemos cultivado las virtudes en las pocas vidas pasadas. Si nuestro sig­no del sol es el mismo que nuestro signo ascendente, tenemos una do­ble oportunidad de cultivar las virtudes de nuestro futuro, o las vir­tudes de nuestro signo ascendente.

Las personalidades de diferentes rayos y las Almas en un grupo contribuyen entre ellas y con el grupo en conjunto cuando su con­ciencia funciona sobre los niveles del Alma y de la Tríada. Todos se complementan y suplementan entre ellos para elaborar el Plan divino. Pero cuando la conciencia de aquéllos se concentra en sus vehículos inferiores y está atrapada por sus ilusiones y espejismos, las diferencias en las calidades de los rayos crean caos porque los vicios de los rayos están activos.

Lo mismo es cierto respecto del individuo. Los rayos que esta­ban creando grandes complicaciones y problemas en la vida de un hombre promedio se convierten en un activo en un iniciado, porque el iniciado los usa en sus aspectos superiores, y hace que le sirvan pa­ra expresar el Plan divino.

Los regentes de Piscis y sus rayos son:              

 Regente                                Planeta                               Rayo

Exotérico                               Júpiter                                 segundo rayo

Esotérico                               Plutón                                 primer rayo

Estos dos regentes controlan la energía que proviene de Piscis a través del Sol.

La nota clave de la persona promedio de este signo es:

Y la Palabra dijo: “Revélate en la materia”.

Esto significa que las energías liberadas por este signo estimula­rán la personalidad del hombre promedio de modo tal que él “mar­cha hacia la materia”, hacia más apego e identificación. La palabra “materia” puede interpretarse como los niveles más densos de la vi­da, las tinieblas, la separatividad, el egoísmo, la inercia, la apatía e incluso la depresión.

Esto es lo que la Chispa hace. Penetra en la materia, y a través de todas las edades, pugna para vencer gradualmente a la materia, por responder al llamado del Padre y, a su tiempo, llega al “Hogar”. Es después de llegar al “Hogar” que la segunda nota clave resuena en Su Alma:

“Dejo el Hogar del Padre y regresando, salvo.”

La frase, el Hogar del Padre, tiene muchos significados. Se refie­re primero de todo al Yo más recóndito del hombre, a Shamballa y a un gran momento de iluminación y realización en el que el peregri­no tome contacto con la Realidad central de la vida, y después de tal realización vuelve su rostro hacia la necesidad de los reinos inferio­res. Este impulso es el que le convierte en un verdadero salvador o servidor de la raza.

El servicio que está prestando es el trabajo de transmitir la volun­tad del Padre a todos aquellos que pueden responder a ella hasta cier­to grado. Usa las energías del signo para llegar a su meta.

El segundo rayo le dota de gran compasión y magnetismo. El pri­mer rayo le ayuda a destruir las formas viejas en los tres niveles de la personalidad, y aporta liberación a la Vida inmanente. El tercer rayo le da practicidad en sus enfoques, y el sexto rayo, poder de inicia­ción.

Los discípulos avanzados, en la luna llena, responden a la nota clave superior y sienten un gran impulso espiritual de servir, olvidar su “Hogar”, su seguridad, la meta individual y las bendiciones de la recompensa. Olvidan todo esto y se vuelven hacia la humanidad para ayudaría a que avance por su sendero de evolución espiritual. La principal técnica que usan es irradiar sus virtudes del Alma y liberar las correspondientes energías a través del servicio.

Recordemos que el servicio es la irradiación o precipitación de los cuatro rayos. Son estas energías (los rayos primero, segundo, ter­cero y sexto) los que realizan el trabajo de liberación para la persona de este signo.

Durante el mes de Piscis, y especialmente en el momento de la luna llena, un hombre inteligente podrá observar la reacción de su personalidad y de su Alma a estas dos notas claves. Después de tal ob­servación y conocimiento llega la decisión para responder a una de las notas claves.

Para facilitar nuestra respuesta a la nota clave superior, los Gran­des nos aconsejaron prepararnos a través de la meditación, el estudio y el servicio para elevar nuestra conciencia a fin de responder a la nota clave superior en vez de responder a la inferior. He ahí porqué son tan importantes la preparación y la meditación de luna llena.

Hércules, un gran discípulo, realizó doce trabajos, uno en cada signo del zodíaco. El último trabajo fue en Piscis, y fue dificilísimo.

El Grande, que era el Anciano de los Días, dio una orden a uno de los Maestros y le dijo que condujese a Hércules a su duodécimo trabajo.

¿Cuál fue el trabajo? Hércules iba a liberar una manada de bue­yes, de color rojo oscuro, de manos de un hombre poderoso llamado Gerión, que retenía a aquélla ilegítimamente. Tenía tres cabezas y seis manos. Representa al Habitante del Umbral: todas nuestras ilusiones, espejismos y maya combinados, bloqueando nuestra entrada en un es­tado superior de conciencia. Los tres cuerpos son nuestros tres vehículos, con sus ilusiones, hechizos y maya.

Las tres cabezas son los tres rayos, el primero, el segundo y el tercero. Los cuerpos de estos rayos son los aspectos de la personali­dad de los rayos.

Tenía seis manos. Este es el sexto rayo, que es el aspecto más ac­tivo del monstruo. Los bueyes de color rojo oscuro representan a la humanidad, que está controlada por los vicios de estos rayos, y no puede liberarse y penetrar en una esfera superior de conciencia.

Recordemos ahora que esto estaba ocurriendo en el signo de Pis­cis, en el que debe destruirse el control de los aspectos inferiores de la persona individual y debe vencerse el control de los vicios de los rayos. Hércules, el alma humana, debe empeñarse y superar el últi­mo trabajo para ganar su libertad.

De este modo, Hércules, pasó dramáticamente la prueba, mató al monstruo y liberó a los bueyes de color rojo oscuro, que representa­ban a la parte de la humanidad que está esclavizada bajo el Morador del Umbral. Si el Morador controla a una persona, todos sus ra­yos se manifiestan en su triple vehículo como vicios.

Si su Alma domina, todos sus rayos se manifiestan en su vehícu­lo triple como virtudes, y la persona se convierte en la Luz del mun­do.

Sinfonía del Zodíaco, pág. 251-261

Torkom Saraydarian



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