LA MENTIRA OCUPA LUGAR





A veces parece algo sin importancia: decir una cosa por otra, distorsionar los hechos, esconder verdades, inventar lo que no fue, ni es, ni será... ¿Por qué todas las corrientes espirituales proscriben la mentira? El hecho de que “esté mal hacerlo” quizás no alcance para explicarlo. Veámoslo juntos...

La Psicología Transpersonal describe el psiquismo humano teniendo en cuenta no sólo la visión occidental, sino también los antiguos mapas de distintas disciplinas de Oriente. Y en muchas de ellas ocupa un lugar importante el tema de los contenidos mentales: observarlos, conocerlos, comprenderlos, es un propósito esencial en el proceso de autoconocimiento. Imaginen la Mente Originaria como un agua: los contenidos serían esos peces que nadan en ella (algunos en lo hondo, otros más cerca de la superficie). La tarea es hacer un permanente inventario de cada uno mediante la práctica de la Conciencia-Testigo, y cuidar que el agua esté lo más limpia posible, pues ese agua es, en esencia, un Agua Sacra: la porción del Todo que habita en nosotros, con la que necesitamos hacer contacto.


Cuando nos adiestramos en mirar hacia adentro (y en eso consisten un buen número de las técnicas en las que se ejercitan los monjes de diversas culturas, hoy accesibles al practicante laico de Occidente), vemos que muchos de esos contenidos tienen como una carga radioactiva, que nos va polucionando internamente: nuestros traumas, nuestros complejos, nuestros conflictos... Y es indispensable trabajar con ellos, pues enturbian el agua: convertirlos en recursos internos, dado que todo dolor transmutado es materia prima para la sabiduría.


La mentira también es un contenido conflictivo, pues cuando la verdad que sabemos queda retenida y sustituida por lo que no es, en ese acto nos dividimos internamente. Y, por supuesto, ese fenómeno es el contrario al que el Camino de evolución de la conciencia tiende, pues éste implicaría un proceso de integración. Ser íntegro implica no estar dividido internamente: ser de una sola pieza. Para llegar a ello, es indispensable no mentir, fundamentalmente por el hecho de que mintiendo aportamos división interna, conflicto evitable. Pues los traumas, complejos y conflictos, los crean la vida, ineludiblemente. En cambio la mentira la hacemos nosotros. Y ocupa un enorme espacio interno! La prueba está en que cuando decimos una verdad largamente retenida experimentamos un enorme alivio: nos des-ahogamos. Permanecer ahogado es permanecer des-integrado, dividido por dentro. Y esa división psicológica implica un desgaste de energía psíquica que necesitaría estar disponible para mejores fines...


Hay algo más: cada vez que mentimos, en general lo que sucede es que tenemos miedo. Miedo a ser mal vistos, a perder lo que conseguimos, a ser juzgados, a “manchar” la imagen que queremos dar... Ésta es otra razón por la cual ser veraz implica el desarrollo de una virtud indispensable para el Camino: la valentía. Sólo quien tiene coraje puede decir la verdad, haciéndose cargo de lo que ésta pueda producir en el entorno y en su vida. Por eso cuando vemos a alguien sincero generalmente sentimos admiración. “Sin-cero” viene de “sin carie” = sin podredumbre. Ser sincero es ser no-corrupto. Y en una sociedad donde la corrupción, la mentira, la disimulación son tan sobreabundantes, la persona veraz se vuelve rara, notable, aunque a veces criticada (pues el veraz, sin quererlo, hace resonar la mentira de los otros, y muchos quisieran hacerle callar para olvidar que ellos mismos están mintiendo).


“Mentir” viene de “mente”. Y cuando la mentira ocupa tanto espacio en nuestra mente, el Agua Clara que nos constituye se vuelve ecológicamente contaminada: pierde su potabilidad para nosotros mismos, y ya no podemos beber de nuestra propia Fuente sin sentir un gusto amargo. La polución de la mentira requiere, entonces, decidir para sí mismo ese acto de valor: que la mentira no sea una opción de respuesta cuando estamos por abrir la boca o por actuar. No mentir, ni mentirse. A mí me cuesta, cada día. Pero, si Ustedes también están en ese Intento, aún a la distancia nos acompañamos mutuamente... §



© Virginia Gawel






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