ELSA, LA BRUJA TORPE

Elsa, era una bruja de las de toda la vida ¡bueno, eso es lo que ella pretendía!
Su madre, bruja de toda la vida, estaba desesperada con ella, ya no sabía qué hacer, no podía dejarla sola.
Hechizo que le encargaba, hechizo que estropeaba.
-“¡Ojos de sapo, te he dicho, ojos de sapo!
-“¡Mamá, no, no puedo, el sapo, ha salido corriendo!”
Así todo el día, hechizo que le encargaban, hechizo que estropeaba.
Manzana envenenada: la princesa la mordía y suspiraba de placer, pues su sabor era embelesador.
Hechizo de amor a una chica joven y un bien posicionado anciano: la joven se enamoraba locamente, si, aunque del hijo pequeño.
Hechizo de “quiero ser la más hermosa”: 6 arrugas nuevas.
Hechizo “tráeme niños para trabajar”: 75% de mayor índice de escolarización en el pueblo.
Hechizo “rapta niños para hacer brebajes”: los niños se juntan en la plaza del juego a jugar, más felices que nunca.
Hechizo “convierte a X en un animal”: de repente le llegaba un lindo cachorro de perrito a casa y se lo quedaba.
Y así de forma interminable.
La pobre madre ya no sabía que hacer con esta bruja tan patosa, no valía nada con ella, lo había intentado todo: libros, castigos, hechizos... nada funcionó.
Era la vergüenza de la familia y de la profesión.
Elsa, creía que algo en ella no funcionaba bien, pues le encantaría gozar del beneplácito y cariño de su mamá, sin embargo era incapaz de arrancar los ojos a los sapo, la piel a la serpiente, hacer daño a un ser humano…
Un día decidió marchar bien lejos, a lo más profundo del bosque y sentada sobre una piedra al lado del riachuelo, se puso a llorar y llorar y llorar. Tanto lloró que el agua del río se estaba volviendo salada; cosa que a los peces y demás habitantes del río les desagrado.
-“¡Niña, ya está bien! Vete a llorar a otra parte.” Gritó un pez-
-“Ni caso, contestó otro ¿qué te pasa?”
Elsa contó su historia, sin extrañarse de que los peces hablasen, pues una bruja sabe que esto es posible y mucho más, incluso las brujas torpes lo saben.
Al final el más sabio del río, un anciano barbo, le escuchó atentamente y le dijo.
-“¿Has probado dejar de hacer todo lo que has escuchado y leído? Escucha a tu corazón, en vez de a tu mente y haz lo que te dice.”
Elsa, se quedó allí largo tiempo, tuvo muchas charlas con el anciano sabio: charlas largas y llenas de sabiduría por ambas partes y cuando aprendió a escuchar su corazón…
-“Querida amiga, llegó tu tiempo, vete a casa y ejerce tu oficio, cambia el letrero de tu casa; Elsa la bruja ya no existe, tú eres Elsa la sabía, la hechicera; a partir de ahora aconsejarás, harás pócimas e infusiones con las hierbas que has conocido aquí y de las que tanto hemos hablado. Ningún hechizo te saldrá mal, pues saldrán del corazón y serán para hacer siempre el bien.
Y así fue, ese día volvió y aunque su madre tardó un tiempo en comprender y aceptar a la verdadera hija, lo hizo y es más, ella también aceptó a su lado hermoso y mágico.

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